Penetré por tus pupilas
y busqué tu corazón,
la puerta estaba cerrada;
llamé, más nadie abrió.
Golpeé con insistencia,
grité con desesperación,
la puerta siguió cerrada
allí nadie me escuchó.
Me dirigí hasta tu mente;
esta sí me recibió,
con un exceso de halagos
y con falsa adulación.
No soporté tanta farsa
e indignado, me marché.
Recela de la persona
que te apaga el corazón,
y enciende el ordenador.
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