LA VIEJA BUHARDILLA

Grande, fría, "orzuelera" y oxidada
hizo girar con chasquido la lengüeta.
La puerta se abrió con un bostezo
y me lanzó el aliento de otros tiempos.

La luz el tragaluz la proyectaba
con átomos que al moverme se agitaban.
Impavida la cara en porcelana,
la muñeca seguía recostada.

El arcón de madera envejecida
con la panza de tachas adornado
guarda secretos de un tiempo pasado:
Las tarjetas postales de mis padres
con frases inocentes amorosas.
El retrato en sepia del abuelo,
sentado en un sillón, con gesto altivo,
completando la escena el macetero.
El cuaderno de versos de mi padre
que las ondas hercianas recitaron.
Los últimos juguetes de los magos,
que rompieron su magia y no volvieron.

Con placer me senté en la mecedora,
abrí con devoción mi primer libro.
Visiones entrañables de la escuela,
de amigos imborrables de la infancia...
y mi mente se marchó con los recuerdos.

El tiempo se paró. Llegó la noche.
Cuando al fin el tragaluz me enseñó el negro,
ya se habían pintado los luceros.