Me coronó mi madre al nacimiento.
(no fue pues la cigüeña de tus torres)
Pañales de tu sombra me envolvieron,
mandaste arrullarme a tus palomas,
y tuve en tus campanas, sonajeros.
En la pila de mármol fue el bautismo
y el olor de los siglos en tus piedras
lo percibí en el recinto de tus torres.
Asombrado miraba a las gemelas,
tan altivas, jugando por los cielos
y a los cirros cardando sus veletas.
Me acompañó el misterio de tus naves,
la proyección de luz en tus ojivas,
el olor de incienso en el silencio
o los días de gozo y alegría.
Aún me suena la voz de tus campanas:
María, Compañía, Campanillo.
El volteo a fiesta y alborozo
o tañidos de dolor y de tristeza.
Un abrazo de acólito a tus columnas.
Siempre en mí perdurará el recuerdo:
SANTA MARIA DE LA REDONDA.
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