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La orilla de la playa
es la pasarela de la celulitis
Las gafas encima de la cabeza
son síntoma de miopía mental.
Falsa amistad la del que siempre
te ofrece; más nunca da.
Hay gargantas que al hablar
molestan sus decibelios.
Si quieres que te aproveche la comida,
no visites al cocinero, ni la cocina.
Las sectas y religiones
son las inmobiliarias del cielo.
La fe y la esperanza son los analgésicos
del alma.
La visera del gorro sobre la nuca
sirve para preservar la inteligencia en el cogote.
Ante la belleza, las barrigas
gentilmente se contraen.
Hay automóviles tan frágiles, que el
conductor sostiene el techo con la mano.
Cuando te digan "que bien te conservas"
te están bañando en formol.
Aquí todos actuamos: Nuestra casa, el camerino.
Las puertas son los telones;
y ya en la calle, el teatro.
Aunque no hagas faena, por una vez
te sacarán a hombros.
- Epitafio -
Al fin, abandoné el tabaco.
La moda es el uniforme de los
impersonalizados.
Los nietos son las sanguijuelas
de los abuelos.
Muchos viajes colectivos son rebaños
de termitas y borregos.
Los teléfonos móviles son los grillos
de la humanidad.
A veces la conciencia se pretende lavar
con el "detergente" del dinero.
Nos fabrican con caducidad, pero se olvidan
de la fecha.
En el amor no hay edad:
¡Menos mal que el amor es ciego!
Los viejos que estorban (ya sin bolsillo)
son barridos al contenedor de los asilos.
Las limosnas son entregas a cuenta
para un lugar en el cielo.
Hay lágrimas que abrasan
y palabras que queman las gargantas.
Los armarios son los úteros
donde germinan los homosexuales.
Los bingos son los parvularios del "caton".
- Epitafio -
Al fin conseguí la absoluta.
El volumen de una cabeza, se magnifica
en la fila anterior de un teatro.
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