ATARDECER



La tarde se duerme, despacio, serena.
En el horizonte solamente queda
un gran abanico en tonos rojizos.

Hay suaves rumores de cálida brisa.
Los árboles viejos dormir también quieren,
y doblan sus brazos cansados de vida.
Sobre el verde valle, hasta la amapola,
recuesta sus hojas de nubes de sangre.

Regresan los carros con las rubias mieses,
tirados por bueyes de paso cansino.
Las cigarras callan. Comienzan los grillos.
Entre las junqueras, a orilla del río,
entonan las ranas su canto aburrido.

Sobre un tapiz negro,
las luces de arriba se van encendiendo.