Escribir poesía es una forma de reivindicar la necesidad de comunicación entre los seres humanos. Creo que José Ramón Fernández Merino reivindica justamente en su primera antología de poemas No se mide el infinito el poder de la palabra entendida sobre todo en su afán de comunicación: el conjunto de poemas que tienen en sus manos posee la virtud de la sencillez estilística y también la fuerza de la poesía entendida como feliz intercambio de sensaciones y sentimientos entre el autor y sus lectores.

De este modo, los pensamientos poéticos de Fernández Merino apuntan a los asuntos que nunca dejarán de preocupar a los hombres: el paso del tiempo -reflejado en un espejo que devuelve una imagen cada vez más deteriorada-, el amor, concebido como el aliento puro que da la vida, la muerte y las dudas religiosas que antes o después asaltan a los seres humanos. Sin embargo, también hay lugar para ensalzar la alegría de vivir en los poemas dedicados a Sevilla, Córdoba o Benidorm y para la reflexión mordaz e ingeniosa en las divertidas greguerías en las que el poeta se muestra crítico ante una sociedad en la que enaltecen valores falsos y triviales.

Les invito a comenzar el sugestivo recorrido poético que nos propone José Ramón Fernández Merino: de algún modo todos nos reconoceremos en una poesía que se nos aparece colmada de emoción y autenticidad

(*) Sandra Navarro es Doctora en Filología Hispánica y crítica literaria

 

 

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